Tag Archive for 'brazos'

Gioconda Belli (Nicaragua, 1948)

Gioconda Belli (Nicaragua, 1948)
Yo la que te quiere
” Yo soy tu indómita gacela,
el trueno que rompe la luz sobre tu pecho
Yo soy el viento desatado en la montaña
y el fulgor concentrado del fuego del ocote. Continue reading ‘Gioconda Belli (Nicaragua, 1948)’

Georges Bataille (Francia, 1897-1962)

Georges Bataille (Francia, 1897-1962)
El erotismo (fragmento)
” En medio de un enjambre de muchachas, desnuda Madame Edwarda sacaba la lengua. Ella era, para mi gusto, encantadora. La elegí: ella se sentó cerca de mí. Apenas tuve tiempo de responder al mozo: tomé a Edwarda que se abandonó: nuestras bocas se juntaron en un beso enfermo. La sala estaba abarrotada de hombres y de mujeres y tal fue el desierto donde el juego se prolongó. Un instante su mano se deslizó, y yo me quebré de pronto como un vidrio, y temblé en mis pantalones; sentí a Madame Edwarda, de quien mis manos contenían las nalgas, ella misma al mismo tiempo desgarrada Continue reading ‘Georges Bataille (Francia, 1897-1962)’

Wystan Hugh Auden (Gran Bretaña, 1907-1973)

Wystan Hugh Auden (Gran Bretaña, 1907-1973)
Leyenda
” Entra con él estas leyendas amor, para él asumen cada una, formas diversas de la leyenda nativa, como una extraña leyenda, para que pueda hacer lo que éstas requieren, sé, amor, como él, fiel a la leyenda. Cuando él, para aliviar la enfermedad de su corazón, tenga que cruzar apenado mares corrosivos, como van los delfines, como el zorro astuto se orienta entre las rocas, dile al oído la frase común requerida para agradar a los guardianes de allá, y cuando a través del libido pantano persiga grandes aves, sé fiel de nuevo. Entre sus muslos álzate como un pony y, veloz como el viento llévatelo, hasta que los gritos y ellos queden atrás. Pero cuando al final, pasados estos peligros, su aumentado deseo de leyenda se agote, entonces, amor, en pie al final de la leyenda, exige su recompensa, somete tu cuello a la caricia desagradecida de su reacia espada, que, al empezar su regreso sus ojos puedan mirar con asombro otra persona, encontrar que lo que deseaba es fiel también aunque esté desencantado, el amor como amor.”

Mientras paseaba una tarde
” Mientras paseaba una tarde caminando Bristol Street abajo, las multitudes que cubrían el pavimento eran campos de trigo listos para la cosecha, y abajo, junto al crecido río, escuché cantar a un enamorado bajo una arcada de la vía férrea: El amor no tiene fin, te amaré, querida, te amaré hasta que China y Africa se unan, y el río salte sobre la montaña y los salmones canten por las calles, te amaré hasta que el océano esté plegado y colgado a secar y las siete estrellas corran graznando como gansos por el cielo, los años correrán como conejos, porque en mis brazos sostengo la flor de las eras y el primer amor del mundo. Pero todos los relojes de la ciudad comenzaron a vibrar y a sonar, ¡Oh! No permitáis que el tiempo os engañe, el tiempo no puede conquistarse, en las madrigueras de la pesadilla dónde desnuda está la justicia, el tiempo vigila desde las sombras y tose cuando queréis besaros, a base de dolores de cabeza vagamente la vida se nos escurre y el tiempo hará su capricho mañana u hoy, en muchos valles verdes se introduce la terrible nieve, el tiempo rompe las hilvanadas danzas y el brillante arco iris del somormujo. ¡Oh! Hundid vuestras manos en agua, hundidlas hasta la muñeca, fijad, fijad la mirada en la palangana y preguntaros qué os habéis perdido, el glaciar golpea en el armario, el desierto suspira en la cama y la grieta de la taza de té abre un camino hasta la tierra de los muertos (…) ¡Oh! Poneos, poneos junto a la ventana mientras abrasan las lágrimas y comienzan a fluir, amaréis a vuestro retorcido vecino con vuestro retorcido corazón, era tarde, tarde anochecida, los amantes habían partido, los relojes habían dejado de sonar, y el profundo río seguía fluyendo.”