Louis Aragon (Francia, 1897-1982)
Persona Pálida
” Más mísero que las piedras
triste a más no poder
el hombre escuálido con el atril
hubiera querido aniquilarse.
Qué frío el viento penetra
en el lugar de las hojas muertas
cómo patear para ahuyentar el frío
con qué pie iniciar la semana.
Un silencio que nunca acaba
ni una palabra tierna para engañar al invierno
la sombra del alma del amigo
la escritura, tan sólo las señas.
Mi sangre daría una sola vuelta
los sonidos se perderían en el espacio
como dedos congelados.
Soy un patín abandonado en el hielo
traspasado por el amanecer. ”
Los viajeros de la Imperial (fragmento)
” Todos nos vemos arrastrados hacia esa horrible fatalidad en un gigante autobús que está, en sí mismo, condenado a la destrucción, en tanto que nosotros nos conservamos inconscientes del movimiento que lo anima o del motor que lo impulsa. Recuerdo haber atravesado cierta noche París en el preciso momento en que eran encendidos los faroles callejeros, en uno de esos trepidantes vehículos que nadaba como una enorme ballena a través de las sombras que se espesaban. Era una noche en que yo me sentía particularmente turbado y triste y en que mi cerebro barajaba nombres de títulos y acciones, cotizaciones bursátiles y cifras de las cuales dependía mi libertad, como una pobre alma errante poseída por los demonios del cálculo. De pronto, todo me pareció extraño, los cafés, los bulevares, las tiendas. Comencé a mirar a mis vecinos del piso de arriba, el imperial del autobús, y no me parecieron ya casuales compañeros de travesía cuyos espíritus se levantarían al acercarse el fin del viaje, sino mas bien viajeros misteriosamente escogidos para atravesar la vida conmigo. Y pensé con horror que todos nosotros, extraños el uno para el otro, estábamos amenazados en el mismo grado por un posible accidente a tal punto que todo lo que ocurriera allá abajo entre los caballos y la calle, y de lo cual nada sabíamos en absoluto, tendía a crear entre nosotros una profunda unidad, una intimidad más terrible que la intimidad del amor, la intimidad de una tumba común… Pensé que aquel imperial o mejor dicho el propio autobús, era poco más o menos la imagen de la vida. Porque existen en el mundo dos clases de individuos, los que, a semejanza de la gente del imperial son trasladados sin conocimiento alguno de las máquinas que habitan y los que saben lo que hace girar las ruedas, los que manipulan la maquinaria del monstruo. “
Guillaume Apollinaire (Francia, 1880-1918)
El cuarto poema secreto, de Poemas a Madeleine
” Mi boca tendrá ardores de averno,
mi boca será para ti un infierno de dulzura,
los ángeles de mi boca reinarán en tu corazón,
mi boca será crucificada
y tu boca será el madero horizontal de la cruz,
pero qué boca será el madero vertical de esta cruz.
Oh boca vertical de mi amor,
los soldados de mi boca tomarán al asalto tus entrañas,
los sacerdotes de mi boca incensarán tu belleza en su templo,
tu cuerpo se agitará como una región durante un terremoto,
tus ojos entonces se cargarán
de todo el amor que se ha reunido
en las miradas de toda la humanidad desde que existe.
Amor mío
mi boca será un ejército contra ti,
un ejército lleno de desatinos,
que cambia lo mismo que un mago
sabe cambiar sus metamorfosis,
pues mi boca se dirige también a tu oído
y ante todo mi boca te dirá amor,
desde lejos te lo murmura
y mil jerarquías angélicas
que te preparan una paradisíaca dulzura en él se agitan,
y mi boca es también la Orden que te convierte en mi esclava,
y me da tu boca Madeleine,
tu boca que beso Madeleine. ”
Porvenir, de El vigía melancólico
” Cuando tiemblen de pánico los poderosos ricos
cuando en señal de miedo levanten sus manos
serenas ante el fuego las casas se derrumben
los desnudos cadáveres tirados por los caminos
iremos a contemplar la sonrisa de los muertos
caminaremos muy lentamente con los ojos cautivados
registrando con los pies bajo los patíbulos de las mandrágoras
sin pensar en los heridos sin lamentar sus vidas.
Correrá la sangre y sobre los rojos pantanos
inclinados contemplaremos serenamente nuestros rostros
miraremos en los trágicos espejos la muerte de los amantes y la caída de las casas
tendremos mucho cuidado en conservar puras nuestras manos
y de noche lo mismo que Nerón admiraremos el incendio de las ciudades
el desplome de los muros
y como él con indolencia cantaremos
cantaremos el fuego la nobleza de las fraguas
la fuerza de los zagales
los gestos de los ladrones
la muerte de los héroes
y la gloria de las antorchas
que forman una aureola alrededor de cada frente
la belleza de la primavera y los amores fecundos
la dulzura de los ojos azules que la sangre satisface
el alba que despunta y el frescor de las olas
la dicha de los niños y la eterna existencia.
Pero no cantaremos más
ni el mirto de las viudas
ni el honor de obedecer
ni el son de los cañones
ni el pasado
pues la claridad del nuevo día, no hará que vibre siquiera la estatua de Memmon
luego bajo el sol se pudrirán los cadáveres
y muchos otros hombres que morirán en libertad
el sol y los muertos en las tierras que se siembran darán la belleza rubia y la fecundidad
y más tarde cuando la peste haya purificado la tierra
en dulce paz viviremos los bienaventurados hombres, apacibles y puros
pues los lagos y los mares serán suficientes para lavar la sangre de las manos. “